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Que importante es rodearte en la vida de personas que te hagan crecer, desarrollarte y progresar.
Las que te enseñan a creer en la vida, a amar la vida, a afrontarla, a vivirla y a subsistir en ella.
Las que te ayudan a sobreponerte de las tristeza, de la pesadumbre, de la nostalgia y te hagan flotar.
Las que te ofrecen la mano, que te dan la mano, aunque para ello tengan que soltarse ellas de alguna otra.
Las que saben valorar el esfuerzo, el coraje, el sacrificio y el ahínco que ponemos para componer la partitura de nuestra historia.
Las que te dan un abrazo y llenan tu vacío corazón de calidez, tranquilidad, cariño y seguridad.
Las que te arrancan la sonrisa y logran limar, pulir y lustrar, hasta sacar el brillo de nuestra existencia.
Las que comprenden, perciben y escuchan nuestros, a veces, amargos silencios.
Las que te acompañan y protegen de esos momentos de infinita soledad feliz.
Las que te ayudan a que repose y se sosiegue el alma.
Todas las personas que pasan por nuestra vida, todas, nos aportan algo, nos enseñarán algo que perdurará para el resto de nuestras vidas; debemos aprovecharlo, empaparnos, digerirlo para así comenzar a intuir el sentido más profundo y bello de la VIDA. Yo solo tengo palabras de agradecimiento para absolutamente todas las personas que pasaron, pasan y pasarán por mi vida porque todas han ido dejando e incrustando filamentos de oro en la composición y aprendizaje del camino de mi VIDA.

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