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No tienes nada premeditado, ni estudiado, ni siquiera sabes que vas a hacer con todas esas letras que parecen que te miran y sonríen. Te sientas frente a una pantalla, un teclado y te preguntas ¿ahora qué? Todo se queda en silencio y sientes que hasta alguna que otras estrellas del firmamento, miran de reojo para ver cómo o cuando empiezas. Encuentras en la soledad y el silencio de la noche tu inspiración.

De repente sientes que todo tu cuerpo tiembla, ya ha llegado la ocasión, tus dedos empiezan a moverse y van saltando de una letra a otra,  y de otra a otra, así sucesivamente hasta , formar palabras, oraciones y párrafos, todas quieren estar !ya no hay quien los pare! ¡Son incontrolables!  No vas corrigiendo porque la mente va más rápida que tus manos, y empiezas a desnudarte y volcar todo aquello que tienes en un rinconcito guardado, son pensamientos sobre el amor, la familia, orgullo de amigos, de sentimientos, de libertad, de vida, de camino o de una hoja. Así hasta llegar al final.

No escribes para que lo lea nadie en concreto, solo sabes que te llena el alma el hacerlo y que respiras tranquila cuando lo haces.

No es fácil desnudarse así, como me dijo alguien o contar tu historia o la de otros. Solo sé que me gusta escribir, es un instante de inmensa paz, una tranquilidad solo rota por la música que mientras escucho. Acabas de escribir casi diría que mientras lo haces pierdes la noción del tiempo.

Ahora es cuando empiezas a leer, a corregir, a buscar palabras sinónimas, quizás lo que estás haciendo es alargar el momento de decidir qué haces con él: compartirlo o no, y decides hacerlo ¡ufff! Ahí va un trozo de ti.

Al final te das cuenta que desnudarse y despojarse en público es difícil pero gratificante. Hasta aquí llego y he escrito todo lo anterior para daros las GRACIAS por ayudarme a cumplir un sueño día  a día, así que a todos: GRACIAS, GRACIAS y GRACIAS

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