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”Cuando había andado una legua, la obscuridad se hizo espesa entorno a él pues no había luz y no podía ver nada por delante y nada por detrás. Después de dos leguas, la obscuridad estaba espesa y no podía ver nada por delante y nada por detrás.. (…) Después de nueve leguas, sintió el viento norte en su rostro pero la obscuridad estaba espesa y no había luz y no podía ver nada por delante y nada por detrás. Después de diez leguas se acercaba al final. Después de once leguas, la luz del alba apareció. Al final de doce leguas, surgió el sol.” Epopeya de Gilgamesh, S VII a. C.  

  

  

  

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