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Nos deslumbra con su sonrisa tan franca siempre, es tan dulce, tan bonita y tan de verdad que te estremeces cuando la ves. Sus ojos siempre están abiertos y con muchas ganas de aprender, con esa mezcla de color entre la miel, el mar y el campo hacen que sean un reflejo de todo lo sano, bello y dulce que nos ofrece la vida, por lo que cuando lo miras y te mira hay una explosión de fuegos artificiales que te alegran el alma.

Cuando te ve te abraza, es un abrazo cálido y largo, muy largo, ah y si lo levantas apoya su cabeza color trigo, en tus hombros y sientes que el mundo se para.

Pero lo mejor de todo es lo que nos enseñó a decir ‘no pasa nada’. Casi aprendió a decir papá y mamá a la vez que estas tres palabras mágicas.

Cuando se caía, todos gritábamos a su alrededor y el nos decía esas tres palabras que casi se ha convertido en el eslogan de la familia y la decimos cada vez que la vida se nos tuerce un poco, o cada vez que las cosas no nos sale como queríamos, en fin lo decimos para todo aquello que tendrá solución tarde o temprano.

Así que hoy, mi querido Rafa, mi capitán, te damos las gracias, todos los que formamos parte de esta gran familia por enseñarnos a decir esas palabras que sanan nuestra alma

‘No pasa nada’.

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