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Algo me hizo temblar en mitad de la noche, alguien me llamaba, eran gritos desgarrados durante mi sueño, pronunciaban mi nombre una y otra vez, como si en cada grito alguien intentara acercarse más a mí, o más bien despertar mi alma.
Sentí que unas manos acariciaban mi cara y me agarraban las manos para que yo no escapara, y yo me deslizaba hasta soltarme y no sentirme prisionera.

Si alguien me buscaba, pero por sitios desconocidos, obscuros, tétricos y enmarañados, aun sabiendo que me gustan los sitios abiertos que huelen a libertad.

Unos ojos me buscaban aunque la niebla espesa no me dejaba ver bien quien eras, no era una imagen cálida y ni afectiva.

Escuchaba una dulce melodía de piano, algo me decía que había sido compuesta para mí y aun así, no entendía como no podía sentirla y vibrar con ella.

A medida que te acercabas veía como ríos de lágrimas salían de tus ojos color miel, pero sin saber cómo no llegaban a caer y rodar por la mejilla, se evaporaban, sus lágrimas no eran reales.

Oía una voz opaca, siempre en el mismo tono, no lograba entenderlo, creía escuchar que hablaban amistad, sinceridad, amor…. Sin embargo algo en mi interior me decía que mentía.

Y tu jamás me alcanzaba, jamás….y mientras más te acercaba a mí, yo más me alejaba en busca de la calma y sosiego que anhelaba mi alma, un alma cansada de grietas y fisuras que luchaba por todo lo bueno, verdadero y duradero que la vida me ofrecía y nada tenía que ver con los vaivenes que tú parecía querer darme.

Sí, me alejo, me alejo y me despierto para que mis alas se desplieguen y vuelen en este nuevo amanecer que hoy me ofrece la vida.

Y así desperté de mi sueño.. 

  

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