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A veces soy como el desierto o otras como un oasis.
A veces soy como el desierto implacable y dura aunque con la frescura de un oasis.

A veces soy como el mar, tranquilo y sereno aunque con la bravura de las olas.

No tengo secretos soy lo que ves.

Me dejo mimar, abrazar, besar y si me regalas dos segundos, te aseguro que haré todo lo posible e imposible por duplicarlo y devolvértelo, que digo duplicar, te lo multiplico por mil.

Si me das algo sin pedirlo ni con palabras, ni con miradas yo te daré la vida.

Se qué cometer un error, dos o mil significa que creceré más rápido y también sé que no pasa nada por tropezar miles de veces en la misma piedra porque lo importante es levantarte y seguir para adelante.

Sí alguien me dice  una palabra de aliento, de ánimo o de cariño, resurjo  y  crezco.

Soy tan, tan sentimental que a veces me da hasta miedo.

Tengo muchas veces la sensación que pierdo el tiempo intentado buscar respuestas que no merecen la pena y no es una senasación es que lo hago.

Me ciega las injusticias, la inmigración, los niños y sus carencias, la lucha de muchas mujeres en algunas comunidades y la situación social tan critica por la que estamos pasando.

Me gusta aprender hasta de una hoja cuando cae del árbol, como se balancea  en el aire, sin prisas, hasta llegar al suelo, quizás sepa que ese es su final (¿o no?) y que por eso prolonga su último viaje.

A veces me quejo sin sentido, discuto y no pienso antes de contestar, aunque me arrepiento miles de veces y en milesimas de segundos.

Todo esto para concluir que tengo mucho por pulir, mucho por aprender y enseñar, mucho que  dar y recibir y muchísimo por VIVIR Y CRECER.

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